¿Relaciones casuales o causales? Artritis reumatoide y enfermedad periodontal

Son enfermedades que la distancia no separa: ocurren en distintas partes del cuerpo pero comparten mecanismos inflamatorios y factores de riesgo. La buena noticia: tratando una mejoraría el desarrollo de la otra.

La artritis reumatoide es una enfermedad de la cual no se conoce su causa con precisión. Lo que sí resuena en el ambiente científico últimamente es su relación con la periodontitis. Los pacientes que tienen esta enfermedad también pueden presentar alteraciones bucales, tales como síndrome de Sjögren, xerostomía (boca seca), alteraciones de la articulación temporomandibular y enfermedad periodontal.

“En los últimos años, se ha dado más importancia a la salud bucal en pacientes con artritis reumatoide, sobre todo tras comprobarse que la prevalencia de enfermedad periodontal está aumentada en pacientes con AR. Se ha sugerido que la inflamación en la superficie de la mucosa bucal (encías) podría ser el factor desencadenante de la enfermedad autoinmune sistémica que ocurre en la artritis reumatoide”, explica Gloria Calsina, especialista en periodoncia de la Universidad del Sur de California (Estados Unidos) en su artículo “Periodontitis y artritis reumatoide: mucho más que una coincidencia”, publicado en la Revista divulgativa de la Fundación SEPA de Periodoncia e Implantes Dentales. 

Clínicamente hablando, la artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica e autoinmune. La inflamación se ocasiona en forma progresiva en la cápsula sinovial, lo que causa la destrucción del cartílago y el hueso. Afecta a las articulaciones de tal forma que produce deformidades, problemas funcionales, discapacidad y hasta puede presentarse junto a otras complicaciones sistémicas. Si bien puede afectar cualquier articulación, las más usuales son las pequeñas como las de las manos y los pies. La AR tiene mayor incidencia en las mujeres y se manifiesta entre los 40 y 60 años.

Calsina señala que la AR y la periodontitis comparten una característica: ambas son enfermedades inflamatorias crónicas, con las mismas vías y mecanismos inflamatorios e inmunoreguladores, factores genéticos y otros factores de riesgo (como el tabaquismo y la mala higiene oral).

“La hipótesis que relaciona la AR y la enfermedad periodontal defiende que Porphyromonas gingivalis (la principal bacteria causante de la periodontitis) es capaz de alterar la tolerancia a las proteínas citrulinadas (el cuerpo las percibe como una amenaza), desencadenando una reacción autoinmune (se crean autoanticuerpos que luchan contra las proteínas del recubrimiento de las articulaciones, generando inflamación) que eventualmente provoca AR”, enuncia la especialista.

Además, agrega que esta bacteria, mediante otro mecanismo patogénico, también puede producir también la citrulinación de proteínas que forman anticuerpos contra la proteína citrulinada. Estos anticuerpos, asociados a la AR, ya están presentes en el organismo hasta una década antes de que haya evidencia de enfermedad articular.

“Esto invita a pensar que podrían originarse en un lugar alejado de las articulaciones, que bien podría ser las mucosas inflamadas de las encías con periodontitis, las cuales podrían ser el desencadenante primario de la reacción autoinmune sistémica que hay en la AR”, concluye Calsina. El tabaco también se asocia con la presencia de proteínas citrulinadas: por ello se convierte en un factor de riesgo para la AR como para la periodontitis.

Estudios llevados a cabo recientemente valoraron el posible efecto favorable del tratamiento periodontal conservador sobre la actividad de la artritis reumatoidea. De esta forma, el tratamiento de la periodontitis se configura como un tratamiento no farmacológico que aporte beneficios directos para los pacientes con AR. Una encía sana y un buen cuidado bucal son las claves para la salud en general.

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