Deporte y salud bucal

Si se controla el organismo del deportista desde todo ángulo para su rendimiento óptimo, ¿por qué presenta una alta prevalencia de enfermedad bucodental?

“El deporte se olvida de la boca”, sentencia la doctora Assumpta Carrasquer, estomatóloga en la revista divulgativa de la Fundación Española de Periodoncia e Implantes Dentales SEPA. Como ejemplo, cita un estudio británico realizado por Ashley y col. a 278 atletas durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012: el 55 por ciento tenía caries dental, el 45 por ciento erosión dental, el 76 por ciento gingivitis y el 15 por ciento, periodontitis.

Para soportar los requerimientos físicos que exige el deporte, la cavidad oral debe gozar de buena salud tanto como el resto del organismo. Un dolor de muelas por caries, un absceso periodontal, una fractura o desgaste por bruxismo pueden disminuir la calidad de un entrenamiento y hasta dejar a un deportista fuera de competencia. Entonces, la doctora Carrasquer se pregunta: ¿por qué se considera normal que los deportistas tengan problemas bucodentales? “Resulta paradójico comprobar como en la mayor parte de los deportes de élite, donde se ha instalado un alto grado de profesionalización y la exhaustiva planificación de cada mínimo detalle que pueda interferir en el rendimiento, se sigue menospreciando y olvidando, en muchos casos, el cuidado de la salud bucodental del deportista”, se responde a sí misma.

Dentro de las afecciones más comunes y peligrosas se encuentra el bruxismo. La tensión que genera el hábito de apretar o rechinar los dientes conlleva problemas de desgaste dentario, genera hipersensibilidad dental y fisuras y fracturas dentales que provocarán dolor y pérdida de piezas dentarias, hasta incluso alterar la función masticatoria. Esta sobrecarga funcional del bruxismo produce también contracturas musculares, que provocarán dolores de cabeza y cuello. “Con la mandíbula contracturada es imposible tener un control completo sobre los movimientos de cabeza, cuello y hombros, lo que limitará significativamente el rendimiento en algunos deportes (como el golf). Con la relajación mandibular se consigue un mayor aporte de oxígeno, una menor liberación de las hormonas relacionadas con el estrés y de ácido láctico, lo que aumenta la resistencia del deportista”, sugiere la estomatóloga.

Asimismo, los deportistas tienen un índice elevado de caries. Esto puede deberse a la dieta que incluye abundantes hidratos de carbono, bebidas isotónicas, gaseosas, jugos y batidos, todos ellos azucarados. Además, el estrés provoca una disminución del flujo salival que también colabora con el desarrollo de caries.

También, determinadas especialidades deportivas fijan un férreo control del peso, lo cual aumenta el riesgo de padecer trastornos alimenticios. Sin diagnóstico ni tratamiento, éstas acabarán afectando tanto al rendimiento del deportista, a su salud oral y a su salud general.  En este sentido, las consultas odontológicas periódicas pueden funcionar como momento para detectar estos trastornos en forma precoz. 

“También la enfermedad periodontal resulta especialmente frecuente entre los deportistas”, advierte la doctora Assumpta Carrasquer. “Cuando se hace deporte, la sangre se mueve hacia los tejidos periféricos. Si existe una mala higiene bucal y hay un mayor número bacterias en la placa bacteriana, durante la realización del deporte la encía va a sangrar en las zonas de contaminación e inflamación. El sangrado de encías es una alerta para acudir al dentista en la población general y, como no, en los deportistas”. Inclusive, la presencia de gérmenes orales y de focos inflamatorios alrededor del diente puede facilitar el paso de las bacterias orales al resto del organismo. Esto terminará afectando al deportista en el corto plazo y durante su carrera deportiva (por ejemplo, la periodontitis se relaciona con contracturas musculares, fatiga muscular y recuperación más tardía de las lesiones musculares).

En conclusión, la práctica deportiva regular se asocia a una mejor salud bucodental; y un porcentaje del éxito deportivo puede depender de la adecuada prevención y atención de problemas en la cavidad oral.

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