Nutrición desde la concepción y su impacto en la salud bucal del bebé (primera parte)

La doctora Silvia Friedman, profesora titular de la Cátedra Bioquímica General y Bucal de la Facultad de Odontología de la UBA, analiza la relación entre la nutrición durante el embarazo y las consecuencias en la gestación y la futura salud bucal del bebé.

El crecimiento y desarrollo requieren un aporte adecuado de nutrientes desde la concepción. Durante la gestación, los nutrientes son provistos exclusivamente por la madre, protegiendo el desarrollo del niño aún a expensas del deterioro y depleción de las reservas maternas. Por lo tanto, cuando la madre no puede cubrir las necesidades del feto, las deficiencias nutricionales se manifiestan en retardo del crecimiento y desarrollo intrauterino y dan como resultado recién nacidos de bajo peso y aumento de la morbi-mortalidad materno-infantil.

Asimismo, cualquier alteración bucal en la madre que limite la libre ingesta de alimentos, impactará negativamente en el crecimiento y desarrollo del feto, de allí que resulte fundamental mantener un buen estado de salud bucal de la embarazada.

El viejo dicho “por cada niño un diente” muestra que históricamente las madres esperaban perder un diente con cada embarazo. Esas consecuencias, que entonces resultaban inevitables, posiblemente estaban asociadas a factores tales como:

– los relacionados a las alteraciones hormonales, que durante el embarazo conducen a una mayor susceptibilidad a la aparición de gingivitis,

– a la hipersensibilidad dentaria, consecuencia de los vómitos frecuentes, que exponen a la cavidad oral a la presencia de ácido clorhídrico proveniente del estómago que provoca erosión dental y destrucción del esmalte de diente,

– a la hipoglucemia, debido a las modificaciones del ciclo normal ayuno-alimentación, en la que la embarazada en la etapa post-prandial moviliza rápidamente los nutrientes, entrando mucho antes en la etapa de ayuno fisiológico, compensado con el consumo frecuente de alimentos ricos en carbohidratos, lo cual aumenta el riesgo de caries.

Sin embargo, estudios han demostrado que las deficiencias más severas resultan de la autoimposición de dietas muy restrictivas, con el objeto de conservar una imagen corporal ideal o ante la imposibilidad del acceso al alimento, como es la pobreza o el abandono.

Desde el punto de vista odontológico, la importancia del control nutricional en el período prenatal se debe a que el crecimiento y desarrollo de los dientes, mandíbula, tejidos blandos y estructuras mineralizadas de la cavidad bucal comienzan poco después de la concepción. Efectivamente, el desarrollo de los dientes comienza en la sexta semana de vida embrionaria y la mayoría de las estructuras del área craneofacial se forman durante el primer trimestre de embarazo. Al nacimiento a término, el neonato tiene todos los dientes primarios y muchos de los dientes permanentes se encuentran en diversas etapas de desarrollo.

Durante las primeras fases de crecimiento hiperplásico, que se extiende desde la concepción hasta aproximadamente los 6 meses de vida fetal, las deficiencias nutricionales pueden resultar en daños permanentes e irreversibles en los tejidos dentales que no pueden corregirse una vez transcurrida la etapa crítica de crecimiento.

Tal es el caso de la osteomalacia materna (deficiencia de vitamina D) que puede manifestarse en el niño como hipoplasia del esmalte. La deficiencia de vitamina D durante el desarrollo y la calcificación de los dientes originan una formación incompleta del esmalte y la dentina. La calcificación del esmalte no finaliza adecuadamente y en la matriz de la dentina aparecen zonas no calcificadas. Estudios realizados en animales jóvenes demostraron que la deficiencia de vitamina D, sumada a la baja ingesta de calcio, produce una disminución en la mineralización del cemento, señalando que los dientes también participarían en la homeostasis del calcio.

La malnutrición y la ingesta excesiva de fluoruro en etapas tempranas de la formación dental son factores importantes que conducen a defectos del esmalte o fluorosis.

La deficiencia de ácido fólico o la hipervitaminosis A conduce a malformaciones craneofaciales, como el labio leporino con o sin fisura del paladar.

En cuanto al magnesio, este micronutriente se encuentra en esmalte y en dentina, siendo dos veces su concentración en dentina respecto a la del esmalte. La deficiencia del mismo produce alteraciones tanto en el esmalte como en la dentina. Esto parece deberse a la aparición de cambios degenerativos en los ameloblastos y osteoblastos. También con respecto al hueso alveolar, su deficiencia, provoca un enlentecimiento en su formación.

A diferencia de lo que ocurre en la etapa de hiperplasia, en el período hipertrófico que se extiende desde los 6 meses de gestación, las deficiencias nutricionales provocan un retraso temporario del crecimiento, que posiblemente más tarde pueda recuperarse, cuando se restituya la injuria nutricional.

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