El consultorio odontológico: un buen lugar para detectar la hipertensión arterial

Procedimientos y medicamentos utilizados en el tratamiento pueden afectar a quienes tienen esta patología. ¿Por qué, entonces, no comenzar la consulta tomando la presión arterial?

 

La hipertensión arterial (HTA) tiene una prevalencia del 38 por ciento de la población adulta argentina.  Entre los mayores de 65 años, esta cifra alcanza al 70 por ciento. El parámetro para registrar esta enfermedad es desde 140/90 mmHg en dos a tres mediciones separadas por una semana. Esta es una de las vías más adecuadas para la detección, ya que es una patología que se presenta sin síntomas durante mucho tiempo.

¿Por qué es importante medir la presión arterial en la consulta? Porque hay procedimientos que la pueden modificar, junto al el estrés biológico que generan muchos tratamientos bucodentales (por la propia característica del procedimiento, a la intervención en tejidos inflamados/infectados, etc.), confirman los doctores Miguel Carasol Campillo, Antonio Lorente Pérez-Sierra y María Luisa Martín Mariscal, del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo de Madrid. “Si a todo lo anterior sumamos el empleo de fármacos que elevan la presión arterial por sí mismos, siendo el ejemplo más claro los vasoconstrictores asociados a anestésicos locales, podemos concluir la necesidad de registrar la presión arterial de forma rutinaria en la consulta, ya que es bien conocido el estrés como factor de riesgo de la hipertensión arterial”, apuntan en el artículo titulado “¿Por qué hay que tomar la presión arterial a los pacientes?”.

Por este motivo, los autores aseveran que el registro de la presión arterial (con otros parámetros médicos) está cambiando la forma de enfocar a las personas que acuden a la consulta dental.

La primera consulta en la que se realiza el diagnóstico y el plan de tratamiento es un momento oportuno para tomar la presión. Posteriormente, el registro puede anotarse en las distintas fases del tratamiento. “Muchos pacientes médicamente comprometidos se manejan de una manera más segura monitorizando frecuentemente su presión sanguínea durante ciertos procedimientos, como tratamientos restauradores complejos y prolongados, cirugía bucal, periodontal y de colocación de implantes, etc. Finalmente, y esta es una gran ventaja de los dentistas, se puede registrar la presión durante las citas de revisión o de mantenimiento periodontal”, explican. Para ello, la historia clínica es fundamental para conocer el estado médico del paciente, antecedentes familiares de HTA o patología cardiovascular precoz, posibilidad de hipertensión secundaria (por ejemplo, en las mujeres durante el embarazo), sintomatología de sospecha o bien datos esenciales sobre la enfermedad ya diagnosticada.

Cuando el paciente tiene la hipertensión controlada, el manejo es similar al de un normotenso. Aun así, Campillo, Pérez-Sierra y Mariscal recomiendan que el dolor y la ansiedad deben controlarse para minimizar el aumento de la presión sanguínea. “Los analgésicos adecuados, así como el empleo de ansiolíticos como diazepam la noche anterior y una hora previo a la cita, o midazolam oral media hora antes del procedimiento pueden ser recomendables”, indican y agregan que tener una actitud sincera y resolver todas las dudas que se le presenten al paciente deberían ser las primeras medidas para evitar situaciones estresantes por la incertidumbre.

En cuanto al manejo de los vasoconstrictores, el artículo detalla que la inyección de 1.8 ml de lidocaína al 2 por ciento con epinefrina al 1:100,000 (1 carpule) en los pacientes sanos no afecta de manera significativamente al gasto cardíaco o la presión sanguínea. 5,4 ml (3 carpules) provocan un incremento del gasto y de la presión arterial, aunque sin síntomas adversos. Es decir, que la epinefrina puede usarse con precaución en pacientes hipertensos controlados. Se recomienda la cantidad de anestesia con epinefrina al 1:100,000 a 2 carpules, y se sopesa la posibilidad de utilizar otro carpule, ya que las catecolaminas endógenas que se segregan por el dolor operatorio pueden incrementar la presión sanguínea en mayor medida de lo que lo hace la epinefrina de un carpule de anestesia. Finalmente, los autores afirman que “los pacientes en estadio 3 de hipertensión no deben recibir anestésicos que contengan epinefrina”.

Si, por el contrario, el paciente no tiene su hipertensión controlada, debería ser remitido a su médico de cabecera y no llevar a cabo procedimientos dentales hasta que se confirme el diagnóstico y se instaure el tratamiento adecuado.

“Por su parte, como profesionales de la salud, el dentista y su equipo tienen el deber de contribuir de alguna manera a que el paciente hipertenso reciba un control adecuado. Esto incluye informarle acerca de las complicaciones asociadas a la hipertensión, debiendo dejar claro al paciente que estos cambios en su salud pueden ocurrir incluso cuando se siente en buen estado”, agregaron los especialistas.

También, existe otro fenómeno que se denomina “hipertensión de bata/guardapolvo blanco”. Ocurre en aquellas personas cuyo registro a nivel ambulatorio o doméstico es normal, pero se eleva durante repetidas visitas a la consulta. Para los doctores Miguel Carasol Campillo, Antonio Lorente Pérez-Sierra y María Luisa Martín Mariscal, “estas personas, comparadas con los normotensos reales, tienen más probabilidad de daño orgánico asintomático, desarrollo a futuro de diabetes o síndrome metabólico, y progresión a hipertensión mantenida. A nivel práctico se recomienda confirmar el diagnóstico en un intervalo de 3-6 meses, y seguir a estos pacientes con registros de presión fuera de la consulta”, sostienen.

En “¿Por qué hay que tomar la presión arterial a los pacientes?”, los autores observan la obligación del odontólogo en controlar la presión arterial de los pacientes para evitar consecuencias potencialmente graves por los fármacos o tratamientos empleados. “La cantidad de personas teóricamente sanas que pasan por la consulta del dentista y la sencillez del procedimiento de detección de la enfermedad permiten que actuemos como un centro de promoción de la salud, pudiendo evitar grandes complicaciones a nuestros pacientes e incluso salvar vidas. Además, nuestro ejercicio profesional será muy apreciado por los pacientes y muy competitivo al ofrecer valores añadidos”, concluyen.

 

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